Por qué «La isla de las tentaciones» es «droga» para nuestro cerebro

Es difícil navegar por internet o encender la televisión y no tropezar con algún «Estefanííííía», grito de guerra de los seguidores de «La isla de las tentaciones», omnipresente en distintos programas de Mediaset y en los memes de internet. Incluso se coló en «OT» y en los Goya. El éxito del reality revelación de Telecinco y Cuatro, que trasciende la pequeña pantalla, también arrasa dentro de ella: el pasado jueves batió su propio récord al reunir a 3,1 millones de fieles (24,3% de cuota de pantalla).

«Se ha convertido en un fenómeno viral por varias causas. Primero, es un contenido “prohibido” o morboso: una isla del Caribe, verano, alcohol, jóvenes y posibles infidelidades. Hay espectadores adictos al morbo», cuenta Lara Ferreiro, psicóloga experta en terapias de pareja y sexualidad. La adicción que genera, explica, funciona como «la dependencia a una droga». «Este tipo de televisión ofrece estímulos que van a la amígdala, que controla las emociones básicas, y a los circuitos de recompensa. Es el mismo mecanismo que se activa cuando mantienes relaciones sexuales o comes chocolate. Entonces, entras en un estado de activación que hace que necesites cada vez más estímulos nuevos. Tu cerebro hace que estés enganchado», admite Ferreiro.

Además, subraya esta especialista, el hecho de que sean personas anónimas, «con problemas de pareja reales y sin nada pactado a priori», favorece el proceso de identificación con el espectador. Muchos, añade, lo ven para «sociabilizar y entablar temas de conversación». «También hay gente que lo ve como si fuera un juez moral, pensando que es algo que nunca harían o analizando con quién se identifica», comenta la psicóloga, colaboradora de la empresa de citas ashley madison, que reconoce que usa el programa en sus terapias. «Ayuda a algunos pacientes a explicar sus emociones», puntualiza.

La popularidad de Christofer, autor de la llamada desesperada a su ya exnovia Estefanía, se debe, según Ferreiro, a que es «el perdedor»: «La víctima siempre crea ternura y empatía. Representa la desesperación de un hombre que ve en televisión la infidelidad de su pareja. Es un símbolo. En España hacemos humor de casi cualquier golpe, y las redes sociales, que no van sobradas de empatía, han encontrado ahí una forma de divertirse».

El peligro, los jóvenes

En cuanto a los perfiles de los concursantes, Ferreiro defiende que representan distintas actitudes ante las relaciones de pareja, lo que genera cierto debate sobre el concepto de fidelidad. «Todos han pasado una prueba psicológica para confirmar que estaban preparados para afrontar la experiencia, durante la que han recibido el apoyo del equipo. Tras las grabaciones se ha ofrecido ayuda psicológica a los participantes que lo han solicitado», explica Juan Ramón Gonzalo, productor ejecutivo de Cuarzo TV.

La psicóloga no ve con preocupación que la carta de presentación de todos los solteros (las «tentaciones») sea su físico. «Es como un escaparate. Te anima a entrar, pero si en la tienda no hay nada te vas. Ismael, por ejemplo, ha descartado citas por la personalidad». Sí ve cierto riesgo, en cambio, en las conclusiones que pueden sacar adolescentes y jóvenes, franjas de edad donde el programa supera el 40% de cuota de pantalla. «Es un programa que se emite por la noche para un perfil adulto, aunque haya jóvenes enganchados por las redes sociales. Es cierto que pueden normalizar cosas que a cierta edad no saben. Aunque concursantes como Álex, que quiere trabajar sus celos, llevan a la reflexión de que el amor no es posesión».

 

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